La tranquilidad de volver a ser una familia (Testimonio)

crianza respetuosa logroño
«»Sentía que mi hijo me veía como un monstruo». La confesión de Laura refleja el agotamiento de muchos padres que intentan aplicar la crianza respetuosa sin éxito. Entre gritos y culpas nocturnas, la armonía familiar en su casa de Logroño se había roto. Descubre cómo en Aeda Kids les ayudamos a transformar las rabietas en límites sanos y a recuperar la paz que tanto necesitaban.»

«Llegué a pensar que mi hijo me veía como un monstruo»

«Me pasaba el día enfadada y gritando. Llegó un punto en el que sentía que mi hijo de 7 años me miraba como si fuera un monstruo, y eso me rompía el corazón por dentro. 

Leía libros sobre crianza respetuosa, seguía cuentas en redes sociales… me sabía toda la teoría. Pero a la hora de la verdad, en casa no había manera de poner un límite sin que estallara una rabieta monumental. Si le decía que «no» a la tablet, a recoger o a irse a la cama, empezaba una guerra. Yo intentaba mantener la calma, pero acababa perdiendo los nervios y gritando.

Después, cuando él por fin se dormía, llegaba la culpa. Lloraba pensando que lo estaba haciendo fatal, que estaba traumatizando a mi hijo y que el ambiente de tensión en casa nos estaba pasando factura a todos como familia. Mi pareja y yo no hacíamos más que discutir sobre cómo educarle.

Pedir cita en Aeda Kids fue nuestro salvavidas. Fui a la primera sesión en Logroño esperando que me dijeran todo lo que hacía mal, pero lo primero que hicieron fue quitarme esa mochila de culpa enorme que llevaba encima. Me escucharon sin juzgarme ni un segundo.

Nos explicaron algo que me cambió el chip: poner límites no es ser malos padres, los límites son abrazos invisibles que les dan seguridad. Un niño sin normas claras vive angustiado.

No nos dieron teoría vacía, nos dieron un «mapa» para nuestra casa. Aprendimos a decir «no» desde la calma, a anticipar las rutinas y a validar sus enfados sin ceder en lo importante. Y lo más increíble fue ver cómo, al tener la estructura clara, mi hijo empezó a relajarse.

No somos una familia de anuncio, seguimos teniendo días difíciles y rabietas, ¡es un niño! Pero ahora sabemos cómo actuar en equipo. He dejado de sentirme un monstruo y he vuelto a disfrutar de ser su madre. Y él, por fin, tiene a la mamá tranquila que necesitaba».

Laura, mamá de Hugo, 7 años.

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