Pedir cita en Aeda Kids fue nuestro salvavidas. Fui a la primera sesión en Logroño esperando que me dijeran todo lo que hacía mal, pero lo primero que hicieron fue quitarme esa mochila de culpa enorme que llevaba encima. Me escucharon sin juzgarme ni un segundo.
Nos explicaron algo que me cambió el chip: poner límites no es ser malos padres, los límites son abrazos invisibles que les dan seguridad. Un niño sin normas claras vive angustiado.
No nos dieron teoría vacía, nos dieron un «mapa» para nuestra casa. Aprendimos a decir «no» desde la calma, a anticipar las rutinas y a validar sus enfados sin ceder en lo importante. Y lo más increíble fue ver cómo, al tener la estructura clara, mi hijo empezó a relajarse.
No somos una familia de anuncio, seguimos teniendo días difíciles y rabietas, ¡es un niño! Pero ahora sabemos cómo actuar en equipo. He dejado de sentirme un monstruo y he vuelto a disfrutar de ser su madre. Y él, por fin, tiene a la mamá tranquila que necesitaba».
— Laura, mamá de Hugo, 7 años.